y le dijo: «Tú, hijo del diablo, enemigo de todo bien, eres un sinvergüenza y no haces más que engañar. ¿Cuándo terminarás de torcer los rectos caminos del Señor?
Pues ahora la mano del Señor va a caer sobre ti, quedarás ciego y no verás la luz del sol por cierto tiempo.» Al instante quedó envuelto en oscuridad y tinieblas, y daba vueltas buscando a alguien que lo llevase de la mano.
Al ver lo acontecido, el Gobernador abrazó la fe, pues quedó muy impresionado por la doctrina del Señor.
Pablo, pues, se levantó, hizo señal con la mano pidiendo silencio y dijo: «Hijos de Israel y todos ustedes que temen a Dios, escuchen:
El Dios de Israel, nuestro pueblo, eligió a nuestros padres. Hizo que el pueblo se multiplicara durante su permanencia en Egipto, los sacó de allà con hechos poderosos,
y durante unos cuarenta años los llevó por el desierto.
Luego destruyó siete naciones en la tierra de Canaán y les dio su territorio en herencia.
Durante unos cuatrocientos cincuenta años les dio jueces, hasta el profeta Samuel.
Entonces pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de BenjamÃn, que reinó cuarenta años.
Ahora bien, Dios ha cumplido su promesa: ha hecho surgir de la familia de David un salvador para Israel, ese es Jesús.
Antes de que se manifestara, Juan habÃa predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión.
Y cuando estaba para terminar su carrera, Juan declaró: «Yo no soy el que ustedes piensan, pero detrás de mà viene otro al que yo no soy digno de desatarle la sandalia.»
Quien cree en este Jesús es liberado de todo esto.
Tengan, pues, cuidado de que no les ocurra lo que dijeron los profetas:
Atiendan ustedes, gente engreÃda, asómbrense y desaparezcan. Porque voy a realizar en sus dÃas una obra tal, que si se la contaran, no la creerÃan.»
El mismo Señor nos dio la orden: Te he puesto como luz de los paganos, y llevarás mi salvación hasta los extremos del mundo.
Los que no eran judÃos se alegraban al oÃr estas palabras y tomaban en consideración el mensaje del Señor. Y creyeron todos los que estaban destinados para una vida eterna.
Con esto la Palabra de Dios empezó a difundirse por toda la región.