Se encuentra en los archivos que el profeta JeremÃas mandó a los desterrados que tomaran el fuego, como ya lo dijimos.
Los exhortó, entregándoles la Ley, a que no olvidaran los preceptos de Dios y no se dejaran deslumbrar por los Ãdolos de oro y plata y todos sus adornos.
Les habló muchas cosas parecidas exhortándolos a no perder nunca el amor a la Ley.
De igual modo Judas acaba de reunir todos los libros dispersos a consecuencia de la guerra que sufrimos, los cuales están en nuestras manos.
Por tanto, cuando los necesiten, manden a alguien que los venga a buscar.
Estando a punto de celebrar la fiesta de la Purificación del Templo, les decimos que harán bien en celebrar asimismo ustedes estas fiestas.
Pues Dios acaba de salvar a todo su pueblo y de devolver a todos la tierra de su herencia; nos ha permitido recuperar su reino y el Templo, y restablecer el culto que se le da en ese Templo, como nos lo tenÃa ordenado en su Ley.
El mismo Dios, como esperamos, se apiadará pronto de nosotros y nos reunirá de todas partes en el Lugar Santo, pues nos ha sacado de grandes males y ha purificado este Lugar.»
La historia de Judas Macabeo y de sus hermanos ha sido escrita por Jasón de Cirene. Relató la Purificación del templo del AltÃsimo, la dedicación del altar,
las guerras contra AntÃoco EpÃfanes y su hijo Eupátor,
y las manifestaciones celestiales en favor de los que combatieron viril y gloriosamente por el judaÃsmo. Siendo pocos, liberaron a todo el paÃs e hicieron huir a muchedumbres de extranjeros,
recuperaron el Templo famoso en todo el mundo, liberaron la ciudad y restablecieron las leyes que estaban a punto de ser abolidas, pues el Señor les fue propicio con toda bondad.
Todo esto, expuesto en cinco libros por Jasón de Cirene, intentaremos nosotros resumirlo en uno solo.
Pues comprobamos que estos libros contienen muchÃsimas cifras y sabemos que, a los que quieren estudiar la historia, se les hace difÃcil informarse de tantos hechos;
por lo tanto, nos hemos preocupado por ofrecer algo atractivo a los que deseen leer, facilidad a los que quieran aprenderlo de memoria,
y provecho a cualquiera que lo lea. Para nosotros que nos hemos encargado del trabajo penoso de este resumen, no ha sido una obra fácil, sino que nos ha costado harto hacerla,
lo mismo que no resulta nada fácil preparar un banquete que sea del gusto de todos. Pero hacemos como el organizador del banquete y soportamos con gusto esta fatiga para complacer a otros.
Dejamos, pues, al historiador la tarea de narrar con exactitud todas las cosas y nos ceñimos a los grandes rasgos de un sencillo resumen.
Pues, asà como el arquitecto de una casa nueva tiene que preocuparse de toda la construcción, en tanto que los pintores y decoradores sólo se preocupan de lo que se refiere a su oficio, asà es lo que nos sucede a nosotros.
Analizar los pormenores, debatir los puntos discutibles, dedicar mucho tiempo a los detalles, corresponde al historiador;
pero al que intenta adaptarla se le permite resumir y no presentar una narración completa de los hechos.
Vamos, pues, a empezar la narración sin alargar lo dicho anteriormente, pues serÃa absurdo alargarse en lo que precede la historia y ser breves en la narración de la historia misma.