Estos son los que vinieron a juntarse con David, en Siquelag, mientras se mantenÃa alejado de Saúl, hijo de Quis; estaban entre los guerreros de refuerzo para los combates.
Manejaban el arco y la honda lo mismo con la derecha que con la izquierda para tirar flechas y lanzar piedras. De los hermanos de Saúl, el benjaminita:
David se presentó delante de ellos y les dijo: «Si vienen a mà en son de paz para ayudarme, mi corazón se unirá con el de ustedes; pero si es para engañarme y ayudar a mis enemigos, puesto que yo tengo las manos limpias de todo pecado, el Dios de nuestros padres sea testigo y juez.»
De los hijos de Isacar, expertos en distinguir las oportunidades y saber lo que Israel debÃa hacer, doscientos jefes, y todos sus hermanos bajo sus órdenes.
De Zabulón, cincuenta mil, aptos para salir a campaña, ejercitados en todas las armas de guerra, que se ordenaban con resolución.
De NeftalÃ, mil jefes, y con ellos treinta y siete mil hombres con escudo y lanza.
De los danitas, preparados para la batalla, veintiocho mil seiscientos.
De Aser, aptos para salir a campaña y preparados para la batalla, cuarenta mil.
Todos estos hombres listos para el combate vinieron espontáneamente a Hebrón a proclamar a David rey de todo Israel; y los demás israelitas estaban unánimes en hacer rey a David.
Permanecieron allà con David tres dÃas comiendo y bebiendo, porque sus hermanos les habÃan preparado vÃveres.
Además, de los pueblos vecinos e incluso de Isacar, Zabulón y NeftalÃ, traÃan comida, en burros, camellos, mulos y bueyes; provisiones de harina, tortas de higo y pasas, vino, aceite, ganado mayor y menor en abundancia, pues reinaba la alegrÃa en Israel.