Cuando veÃan que la caja estaba llena, un secretario del rey venÃa y, con el sumo sacerdote, la sacaban y contaban el dinero.
Luego lo entregaban en manos de los encargados de las obras de la Casa, quienes pagaban con este dinero a los carpinteros y albañiles que trabajaban en las reparaciones.
De este dinero que se daba para la Casa, no se hacÃan ni copas de plata, ni cuchillos, ni calderos para el agua, ni trompetas, ni ningún objeto de oro o plata,
sino que se empleaba para pagar a los que hacÃan los trabajos.
No se pedÃa cuentas a los encargados de pagar a los artesanos, porque lo hacÃan con toda honradez.
Solamente el dinero ofrecido por la expiación de los pecados era para los sacerdotes.
Josacar, hijo de Simat, y Josabad, hijo de Somer, lo hirieron y murió. Lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David y su hijo AmasÃas reinó en su lugar.